¿Quién soy?
Quién soy yo? Quién es ud? Estas preguntas, tienen algún sentido? Por lo general respondemos con un nombre, un título, un oficio, una ocupación, pero, en lo hondo, en lo profundo, qué queremos saber cuando preguntamos quiénes somos?
Yo me pregunto, quién soy? y acude a mi cerebro la siguiente respuesta: soy un cuerpo físico, y algo más. Ese algo más lo asocio al impulso, a la energía que me permite moverme y reaccionar frente a los estímulos externos. Creo que eso es todo cuanto, hoy por hoy, soy. Sin embargo, surge un problema cuando me relaciono con el prójimo, con las cosas físicas y con las psicológicas, es decir, con las ideas. Ese problema surge cuando me apego a ellos, cuando tomo posesión, ya sea de una persona, de un objeto o de una idea. Eso es todo, es ahí donde se origina el inconveniente. Si me relaciono con esas tres entidades, libremente, sin tomar posesión, entonces no aparece ningún trastorno, ningún obstáculo. Allí nace y termina todo, y fluyo como la corriente del río, apacible, eterna, incorruptible.
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