Una cultura no puede sobrevivir a los placeres sensuales
Mientras sigamos acentuando los placeres sensuales, habrá deterioro, embotamiento. Una cultura no puede sobrevivir a eso. Sólo cuando en nuestros corazones hay amor, que no es placer ni sexo, podemos vivir en la bienaventuranza. El placer tiene que ver con el pensamiento, con los recuerdos o anticipación del disfrute experimentado. Cuando buscamos placer estamos invitando al dolor. El placer embota a la mente. Hay una manera de vivir, sin placer ni dolor, y ésta puede ser despertada si estamos abiertos en nuestra relación con el prójimo, si nos observamos, si nos conocemos y comprendemos.



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