Reconocerse en el otro

 

El mundo sólo puede transformarse con el conocimiento propio. Si cada uno se toma el trabajo de reconocerse en el otro, si observa que el otro es su propio espejo, entonces hay una posibilidad de crecer, de madurar, de traer al mundo una vida muy diferente a la actual y a la de siempre, donde abunda la mala voluntad, la mezquindad, la ambición y la codicia. 
Debido a que no hay amor (esa palabra tan maltratada) el mundo, la humanidad, es lo que es, un centro de conflicto, de corrupción, de deterioro. Si los padres amaran a sus hijos, convertirían esta miseria en abundancia y belleza, pero ellos están tan ocupados con el dinero, con el poder, con el éxito, que se olvidan de que traen al mundo niños sin amor, simplemente como un accidente de la vida.

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