No comparar
¿Por qué nos comparamos? Ya sé, desde pequeños en la escuela se empieza con esa práctica. ¿Existe alguna manera de vivir sin compararnos? Porque en la comparación están implicados la imitación, la competencia, la envidia, los celos… ¿No podemos evaluar sin notas, sin esa actividad frustrante y estresante? ¿No podemos simplemente llevar un seguimiento del alumno pero sin encasillarlos de ninguna manera? Atender no sólo a su rendimiento académico sino también a cómo se relaciona con sus compañeros, sus conductas, su temperamento, su carácter… Creo que es mucho más sano no comparar ni compararse, ni entre los niños ni entre los adultos. Pienso que es muy bueno que cada ser aporte desde sus particulares características al bien de la humanidad, a que la misma se desenvuelva con tranquilidad, donde abunden el sentido común, la humildad, la mesura, el vivir diario, atemporal, el contentamiento de poco, de lo justo y necesario. Es posible vivir nuestras vidas sin el gusano de la comparación, la envidia, la imitación, claro que es posible, pero para eso debemos estar muy alertas, atentos a cada cosa que decimos, que hacemos, que pensamos y que sentimos. Conocerse a una mismo, ardua tarea, pero muy necesaria y urgente.



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